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María, Estrella de la Mañana

María, Estrella de la Mañana

Las ciudades modernas, iluminadas con todo tipo de luces, no permiten contemplar un espectáculo natural de una simplicidad completa, no obstante, lleno de grandeza: el cielo estrellado.

Las estrellas, especialmente en esas noches en que la Luna emite una suave luz plateada —insuficiente para eclipsar el brillo de los cuerpos celestes más lejanos—, evocan algo de sublime. Parece que traspusieran el mundo palpable y visible, sirviendo de unión entre la esfera material y la sobrenatural. Por eso cantaba el salmista: “El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal 18, 2).

Determinadas corrientes científicas contemporáneas afirman que el orden del universo es fruto del azar.

Pero, en la mente de Dios, todo existe con total perfección, desde toda la eternidad, en función de su fin y su causa. Al ver, pues, la especial prodigalidad del Creador para enriquecer al firmamento con tan generosa belleza y magnificencia, podemos preguntarnos: ¿qué es lo que estos astros representan?

Hacia la búsqueda de ese simbolismo, situémonos en una noche cualquiera de un navegante en alta mar. Las horas van pasando, pero las agujas del reloj parece que no se mueven. El cántico de las olas, poético durante el día, se transforma en un ruido amenazante. El cielo se cubre con un negro manto que envuelve al barco en incertidumbres.

Bernardette; el mayor milagro de Lourdes

Bernardette; el mayor milagro de Lourdes

Bernardette; el mayor milagro de Lourdes

Al cumplirse los ciento cincuenta años de las apariciones de Nuestra Señora en la gruta de Massabielle nuestros ojos se vuelven hacia la niña con quien habló la Santísima Virgen. Su vida, transcurrida en acrisolada virtud, expresa con elocuencia por qué Dios “escondió estas cosas a los sabios y prudentes, y las reveló a los pequeños” (Lc 10,21).

Tamara Victório Penin

Lourdes!¿Dónde encontraremos las palabras que alcancen a explicar todo cuanto ese nombre significa para la piedad católica en el mundo entero?¿Quién podrá traducir en palabras el ambiente de paz que envuelve la gruta sagrada en la cual, hace exactamente 150 años, vino la Santísima Virgen para estar con la humilde Bernardette e inaugurar, de modo definitivo, un nuevo vínculo con la humanidad sedienta de consuelo y de paz? Por designio de la Divina Providencia, a ese lugar se asoció una acción intensa de gracia, especialmente capaz de transmitir a los millares de peregrinos, venidos de lejos, la certeza interior de que sus oraciones son benignamente oídas, sus dramas apaciguados, y sus esperanzas fortalecidas. En efecto, a lo largo de este siglo y medio, las ásperas rocas de Massabielle se han convertido en palco de las más espectaculares conversiones y curas, legando a la Santa Iglesia Católica un tesoro espiritual de valor incalculable.

En Lourdes tales curas y conversiones se revisten de una grandiosidad peculiar, delante de la cual nuestra lengua enmudece. Allí está, delante de todos, la sublimidad del milagro. Mientras tanto, no se puede hablar de Lourdes sin recordar con veneración a la protagonista ligada de modo indisociable a esa historia de bendición y misericordias.

La Virgen de la Confianza

La Virgen de la Confianza

Confianza! ¡Confianza! ¡Yo vencí al mundo!” (Jn 16, 33) Cuando la palabra confianza era pronunciada por Nuestro Señor Jesucristo, “se operaba en los corazones una profunda y maravillosa transformación” , dice un sabio escritor. “La aridez de sus almas era humedecida por un rocío celestial, las tinieblas de sus espíritus se transformaban en luz, la angustia era […]