Cataratas del Niágara

El nombre ‘Niágara’ es originario de una palabra iroquesa que significa “trueno de agua”.

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Fotos: Jorge Martinez / Gaudium Press

Si comparamos las Cataratas del Iguazú y las del Niágara podemos decir que son como dos primas hermanas: cada una intenta cantar más fuerte y más alto que la otra, en un sonoro intento de llegar al cielo. Nuestra impresión es que las del Niágara triunfan en esta natural competencia, en donde la majestad sin igual del Iguazú rinde honores a la belleza sonora del Niágara.

Monseñor Juan Clá, fundador de los Heraldos del Evangelio, comentó un día tras visitar las Cataratas del Niágara que el sonido que producen sus aguas cuando caen es realmente bello, y recordó entonces una frase de la Escritura: “¡Se oyó el ruido de muchas aguas…!”

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A Monseñor Juan Clá le parecía que esa magnífica obra de Dios alcanzaría su perfección si se le colocase una gran Cruz justo detrás, y además se edificase un Viacrucis, de tal modo que las personas pudiesen meditar la Pasión de Jesucristo al mismo tiempo que contemplaban las Cataratas. También afirmó que una gran Catedral de adoración perpetua al Santísimo Sacramento tendría una perfecta moldura natural en ellas, las Cataratas.

Niágara se forma gracias a las aguas del lago Erie que desembocan en el lago Ontario. Su ubicación, al norte de Nueva York, a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y Canadá, permite que las Cataratas se puedan visitar desde los dos países.

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¿Creerían si contamos que en una ocasión las Cataratas del Niágara se secaron? Pues es verdad. Sucedió a la medianoche del 29 de marzo de 1848, cuando grandes bloques de hielo del lago Erie taparon el cauce del río Niágara, provocando que el agua dejase de fluir durante más de 40 horas. Resultado: ¡Las Cataratas del Niágara se secaron! La gente se dio cuenta cuando no escuchaba el ruido ensordecedor del agua, cayendo desde sus 52 metros de altura. Al comienzo hubo gran curiosidad; se encontraban en el lecho del río armas, hachas y todo tipo de material de la guerra de 1812. Pero pasada la sorpresa indagadora comenzaron a ir a la iglesia para rezar temiendo lo peor, como si eso fuera un presagio del cielo, un aviso apocalíptico.

Otro hecho interesante de resaltar es que varias veces las Cataratas del Niágara se congelaron. Entre otras, las veces de 1896, 1909, 1911, 1934, 1938, 1949 y parcialmente en el 2007. Para que eso suceda la temperatura tiene que bajar bastante… -35ºC (¡menos treinta y cinco grados centígrados!) En Canadá lo normal en el invierno son temperaturas de -25º a -30ºC. Ahora, en octubre, la temperatura está bajando lentamente, y en enero… sálvese quien pueda.

En fin, las Cataratas del Niágara, un lugar de verdadera meditación, de elevadora y maravillosa contemplación.

Por Jorge Martínez